viernes, 23 de marzo de 2012

capitulo 3: EL ENCUENTRO

 Mario apuró su café y se encaminó al baño. Cogió un poco de gomina y se peinó. Aquella mañana era importante para él. Tenía una entrevista de trabajo. Su primera entrevista desde que llegó a esa ciudad. Lo tenía decidido si no lo cogían allí volvería a estudiar, se matricularía en una facultad, tal vez en la de periodismo. Siempre le había gustado todo lo relacionado con el deporte y los medios de comunicación y su sueño era ser periodista deportivo. Se concentró en la entrevista. La verdad es que no tenía un currículo muy extenso. Su experiencia se reducía a camarero en un bar de copas y a alguna vez hacer "chapuzas" en casa de sus colegas y también a algún que otro curso del INEM. Sonrió en el espejo ensayando su sonrisa más amable y salió del baño dispuesto a comerse el mundo, aunque tal vez, bien pensado, el mundo se lo comiera en cuestión de media hora a él. 


Eva llegó a la parada del autobús que como cada día le llevaba hasta la facultad. Comprobó la hora y viendo que aun le quedaban varios minutos de espera sacó su mp3 del bolsillo trasero de la mochila y se sentó en uno de los asientos de la marquesina dispuesta a repasar un poco antes de que llegara el bus.


Mario salió a la calle y se encaminó hacia la parada del bus deseando que la espera no fuera larga. No quería llegar tarde. Era muy importante que causara buena impresión. Su futuro dependía de ello. Esperaba no haberlo perdido. Aquella ciudad no era muy grande, pero sí mucho más que el pueblo en el que había vivido. De todas formas, se encontraba muy lejos de su destino. Consultó su lotus, comprobando con alivio que todavía era pronto y, clavando sus ojos en el suelo, ocupó el único asiento libre que quedaba en la marquesina, entre una señora y una muchacha de unos veinte años aproximadamente que se mantenía ocupada leyendo un libro de texto. 
Mario levantó la vista poco a poco y sus ojos se detuvieron en la chica y la recorrieron de arriba a abajo hasta que se dió cuenta de que ella le estaba mirando. Entonces, sintiendo que se sonrojaba, apartó la mirada de la joven y posó de nuevo sus ojos en el suelo deseando que el autobús no tardara en hacer su aparición. En aquel instante, un ruido le sobresaltó y levantó la mirada del suelo para ver qué ocurría. La señora se levantó de su asiento, acababa de llegar el autobús que la llevaría a su destino. Subió a él y, tras pagar el billete, las puertas se cerraron y el bus continuó su ruta.  Deseoso de romper aquel silencio tan incómodo, Mario se armó de valor y de nuevo clavó su mirada en la muchacha, que interrumpida por la llegada de aquel bus, había dejado su lectura. Mario tragó saliva y, con más seguridad de la que nunca había tenido en sí mismo, se levantó del asiento y se sentó al lado de ella dispuesto a entablar una conversación. -¡Hola!, soy Mario ¿qué tal?-le dijo mostrando la mejor de sus sonrisas. La chica le miró en silencio y sin articular siquiera una palabra le devolvió la sonrisa. A continuación bajó los ojos y se concentró de nuevo en el estudio. 
Mario no se rindió y siguió en su empeño por charlar con ella. Se sentía nervioso e incómodo por aquel silencio. -¿Cómo te llamas?. Eres una chica muy guapa- prosiguió. Y mientras decía aquellas palabras sintió de nuevo que el rubor invadía sus mejillas y bajó la cabeza para evitar que ella lo notara. Era un chico muy tímido y aquella era la primera vez en mucho tiempo que se había atrevido a hablarle a una mujer. Reuniendo todas las fuerzas de las que fue capaz la miró de nuevo. Esta vez con seguridad. Y entonces, como movida por una extraña fuerza, la chica levantó los ojos de su libro y sus ojos se encontraron con unos ojos azules llenos de curiosidad y amabilidad que la estaban mirando. Y fue entonces cuando aquella chica con una voz muy dulce le habló por primera vez. -¡Hola!, me llamó Eva- le dijo tendiéndole la mano -Encantada de conocerte Mario- continuó la voz. Mario se volvió hacia ella, la miró y con una sonrisa le dijo- Encantado Eva- y estrechó su mano con suavidad, sin dejar ni un solo momento de mirarla. Era como si estuviera hechizado. No podía dejar de mirarla. Eva era muy bonita y tenía una voz maravillosa. Ella también le miraba y le estaba sonriendo. En silencio continuó observando cada parte de su cuerpo. Tenía el cabello moreno y largo con un flequillo desfilado que ella no dejaba de colocarse detrás de la oreja, pues el viento, envidioso de sus ojos, hacia que el flequillo se los tapara impidiéndole ver. Continuó con su exploración del cuerpo de Eva, sintiendo como ella también analizaba detenidamente cada parte de su cuerpo moviendo los ojos arriba y abajo constantemente intentando descubrir más de aquel muchacho que estaba sentado a su lado. En aquel mágico momento un ruido les devolvió a la realidad y con pesar ambos levantaron la vista del otro buscando su procedencia. El autobús acababa de llegar. Mario comprobó la dirección. Sí, esta vez era el suyo. Consultó la hora. Todavía llegaba, menos mal. Se levantó de su asiento y fue hacia al bus; pero antes de subirse dirigió la mirada atrás deseando que Eva también subiera y así poder averigüar más cosas de ella. La vio sentada de nuevo estudiando, pero al sentirse observada de nuevo Eva levantó la vista y sus ojos volvieron a encontrarse. Mario la miró por última vez. - Hasta luego Eva-  le dijo con su voz más dulce- Ha sido un placer haberte conocido. Espero volver a verte algún día. Y sin más, subió al bus, cuando este ya arrancaba. El ruido del bus le impidió oirla- Adiós Mario- Eso espero-gritó Eva desde la distancia.









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