jueves, 22 de marzo de 2012
CAPITULO 2: EVA Y MARIO
De pronto sonó el despertador. Eva se levantó y como cada día se encaminó al baño para darse su matinal ducha. Le esperaba un día duro. Como todos lo eran desde que se había matriculado en la facultad. Eva sabía que su carrera sería dificil, de echo sus amigos se lo habían advertido, pero le daba igual, ser escritora era su sueño y aquel era el camino más corto para conseguirlo. Había vuelto a soñar con él, con todo lo que había sucedido aquel día. ¿Y si tal vez lo hubiera podido evitar?, ¿Tal vez huir no bubiera sido la opción adecuada?.Sí, definitivamente necesitaba más que nunca esa ducha. El agua caliente la ayudaría a enfrentarse a su vida un día más y disiparía las pocas dudas que empezaban a formarse en su cabeza. Abrió el grifo y dejó que el agua recorriera su bonito cuerpo como años atrás él también había hecho. En aquel mismo momento, justo en la otra punto de la ciudad, sonó el despertador en casa de Mario. Mario miró a su alrededor. Todavía no se había acostumbrado a su nuevo hogar, a aquella habitación tan diminuta. Y por un momento la nostalgia le invadió por completo. Echaba de menos su antigua casa, su bonita habitación con paredes verdes. Sabía que nunca podría volver a allí. El dolor sería insoportable y además hacía tiempo que se había ido huyendo de su pasado, escapando de aquel recuerdo. Después de mucho pensarlo había tomado aquella decisión. Nunca volvería allí. Jamás pisaría de nuevo aquella casa ni tampoco aquel pequeño pueblo. Sí, estaba seguro, aquella había sido sin lugar a dudas la mejor decisión.
Mientras tanto, Eva se dispuso a preparar sus cosas para, como cada día, asistir a sus clases en la universidad. Miró el reloj, se le estaba haciendo tarde. Así pues, se vistió apresuradamente cogiendo lo primero que pilló del armario. Combinando unos vaqueros grisáceos con una camiseta verde a juego con sus ojos y sus deportivas nike, sus favoritas, en realidad las únicas que tenía, las únicas que habían sobrevivido al desastre. De pronto las imágenes volvieron a su mente, eran tan duras como su pasado, y tuvo que sentarse en el borde de la cama para no desmayarse. De nuevo volvió a ver todo aquel horror, a revivir aquella pesadilla que se había llevado todas sus ilusiones de entonces y todo lo que le importaba. Se imaginó los ojos de sus padres llenos de horror y de desolación al ver que no podían hacer nada. Al ver que todo estaba acabando para ellos. Eva aún no lograba entender porqué la tragedia se había ensañado con sus padres, porqué ella había sobrevivido a aquel espanto y sobretodo por qué no había podido apagar aquellas llamas a tiempo. El incendio lo devoró todo, como un niño hambriento devora su bocadillo a la hora del recreo. Había pasado mucho tiempo ya desde aquello y aún no podía dejar de maldecir aquella noche, en la cual la malta suerte quiso que él también estubiera allí. En aquel instante toda su vida debió de pasar por sus ojos y ella no había podido salvarlo, ni siquiera verlo por última vez, escuchar sus últimas plegarias ni decirle te quiero por última vez. Aquella noche cuando llegó ya era demasiado tarde y su destino estaba escrito.
Todavía tambaleandose, Eva sacudió su cabeza para espantar todos aquellos fantasmas del pasado, cogío su cazadora de piel, el bolso y la carpeta de clase, abrió la puerta y se fue.
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