Muy bien- dijo Eva comprendiendo al instante los planes de sus amigas-Luego os llamo- susurró al tiempo que sus amigas pasaban por su lado, deseando que Mario no la hubiera oido.
-¿Y bien?-¿Qué te apetece hacer?-dijo la voz de Mario sacándola de sus pensamientos. ¿Seguimos de tiendas o vamos a tomar algo?-insistió el muchacho.
-La verdad es que yo ya no necesito nada más-confesó ella sonrojándose. Así que como tu quieras Mario.
De acuerdo hagamos una cosa entonces-decidió Mario-mañana comienzo a trabajar en una empresa importante y necesito encontrar algo adecuado para mi nuevo trabajo. ¿Qué te parece si me ayudas y luego te invitó a un café o a lo que tú quieras?-concluyó con una sonrisa.
-Me parece genial-Te ayudaré a elegir algo adecuado-decidió Eva sonriendole.
Muy bien, ¿pues qué te parece que me pruebe este conjunto?-dijo Mario mostrándole un pantalón vaquero y una camisa con motivos alegres.
-Seguro que estás guapísimo-respondió la muchacha bajando la cabeza.
Mientras tanto un grupo de chicas cotilleaba en casa de la única rubia del grupo.
-¿vosotras creéis que se besarán?-preguntó la más romántica del grupo.
-Uyyyy besarse no, lo siguiente-aseguraba la pelirroja mirando a sus amigas con picardía.
-¿Quéeeeeee?-añadió ante la mirada que sus amigas habían puesto al oir la frase anterior.
-¿Qué eres una bruta?-Eso.Parece que no conocieras a Ev-respondió Ruth en defensa de su mejor amiga.
Yolanda asintió. Estaba de acuerdo con Ruth. Ev no era de las que se lanzaban sin pensar en brazos de un tio. Sonrió con amargura, no era como ella.
¡Marchando un descafeinado y un café bombón! gritó un hombre corpulento detrás de la barra de la cafetería del campus. Era Sebas, el camarero apodado por todos como el "duque" por su gran parecido con el personaje televisivo. Eva esperaba impaciente apoyada en la barra del bar tintineando los dedos contra la misma. Estaba nerviosa y siempre que lo hacía era por eso. Mario la observaba sentado en un taburete mientras daba golpecitos con uno de los pies en el suelo. También él estaba nervioso. A estas alturas era innegable que Eva le gustaba.
Aquí tienen ustedes-dijo la voz de Sebas, sacándolos de su inopia- un descafeinado para el caballero y para la señorita un café bombón. -Y a esto invita la casa-añadió poniendo en un pequeño plato unas cuantas pastas de té- Buen provecho.
Muchas Gracias-dijeron ambos al unísono.
Momentos después se encontraban sentados en una mesa disfrutando del café en muy buena compañía.
Eva que había estado bastante callada hasta el momento, decidió saciar su curiosidad rompiendo aquel silencio.
Así que mañana empiezas a trabajar. ¡Qué bien!-Y ¿Dónde vas a trabajar?-quiso saber Eva.
-Verás-respondió Mario-voy a trabajar en una empresa...-dudó sobre cómo explicarle de qué trataba su trabajo-es sobre telecomunicaciones pero abarca muchos ámbitos como audiovisuales, sonido, periodismo-concluyó decidiendo que esa era la mejor explicación que podía darle. -Ya sabes, ¿no?-añadió un poco preocupado de que ella no le hubiera entendido.
-Claro-afirmó la muchacha con certeza. De hecho, yo misma estoy terminando una carrera que engloba varios de esos campos también. -¿Cuál es el tuyo?-inquirió.
-Audiovisuales-se apresuró a responder Mario. -No obstante-se mordió el labio no sabía si confesarle que él no tenía ninguna carrera. Le daba miedo que aquella monada de chica dejará de mostrar interés por él. Finalmente decidió arriesgarse poniendo toda la carne en el asador. No quería comenzar nada con mentiras.- No obstante-repitió-lo mio no es un carrera, así que mi puesto de trabajo se trata de ayudar con la imagen y el sonido de lo que me pidan-resolvió sonrojándose levemente. ¿Qué es lo que estudias exactamente?
-Periodismo-respondió Eva sin vacilar. -Estoy ya casi terminando-Mañana precisamente empiezan las prácticas y me ha tocado hacerlas en una empresa importante.-añadió la chica con determinación.
-¡Qué bien!-exclamó Mario. Seguro que eres el ojito derecho del jefe.
Eva esbozó una leve sonrisa. Qué simpático era Mario. ¿Podía ser que le gustara?. Así lo creía ella. Sacó su móvil para comprobar la hora. -Uyyyy, es tardísimo. Me tengo que ir ya a casa-dijo preocupada.
-Es cierto-dijo Mario comprobando la hora.-Se me ha pasado el tiempo volando Eva. ¿Quieres que te acompañe?-Es tarde y está oscuro.
-Eres muy amable. Te lo agradezco mucho porque vivo un poco lejos.
-Es un placer-respondió Mario poniéndose el abrigo y se dirigió a la barra a pagar.
JUGUETES DEL DESTINO
martes, 4 de septiembre de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
CAPÍTULO 8:( 2º PARTE)
Mario estaba hablando con la dependienta de aquella tienda. Había cogido un traje para probárselo y al levantar la vista al frente la vio. Allí estaba Eva y lucía realmente preciosa con aquel conjunto que llevaba puesto. No estaba sola por lo que dudó si debía acercarse o no a saludarla, pero al ver que Eva también le había visto y le sonreía, sacudió los pensamientos negativos de la cabeza y decidió arriesgarse.
-¿Qué te sucede Ev?-chilló Ruth al ver que su amiga se había quedado congelada con una sonrisa tonta grabada en la cara mirando muy quieta hacia el frente. -Ah, ya veo- añadió a continuación al tiempo que seguía la mirada de su amiga, comprendiendo al instante cual era el motivo. Un chico guapísimo se acercaba hacía ellas, aunque Ruth no tenía ni idea de quién se trataba.
Mario llegó hasta ellas y tragándose su timidez se acercó hasta Eva. -Hola Eva- la saludó.-¿Te acuerdas de mí?-dijo el muchacho con un nudo en la garganta mientras deseaba con todas sus fuerzas que Eva lo recordara. Él por su parte no había podido dejar de pensar en ella desde su encuentro en la parada de autobús. Sin embargo Eva no articulaba palabra alguna y él seguía con la duda.
Yolanda fue la encargada de romper aquel instante de tensión. ¿Y tu quién eres?-dijo la muchacha rubia mirando al chico. ¿Y de que conoces a mi amiga?-preguntó la muchacha muerta ya de curiosidad.
Eva miró a Mario, luego a Yoli y a continuación a sus otras amigas y respondió más roja que un tomate. -Hola Mario-Sí me acuerdo de tí-Aunque en realidad aquello no era verdad, más bien no es que no se acordara de él, es que no había dejado de pensar en él desde el día en que lo había conocido. Luego mirando de nuevo a sus amigas cogió fuerza y añadió-chicas este es Mario, lo conocí el otro día en la parada de autobús.
Yolanda miró a Mario de arriba a abajo y de abajo arriba y exclamó -interesante-mostrando una sonrisa picara en la cara. Había visto como aquel chico miraba a su amiga y también lo roja que se había puesto Eva al verlo. Allí había tomate. Estaba segura de ello y sino lo había aún lo habría pronto.
Encantada Mario-soy Yoli-se apresuró a decir la muchacha-soy amiga de Eva. Y ellas son Ruth y Cris. Nosotras ya nos ibamos-dijo guiñando un ojo a sus amigas-¿Verdad chicas?. Tenemos que terminar un trabajo. Tú quédate con Eva que necesita comprarse ropa.
-Sí, sí-es verdad-dijeron las otras en seguida comprendiendo al instante el plan de Yolanda.
Eva miró a su amiga. Asesinándola con la mirada pero agradeciéndoselo con el alma. Menuda encerrona acababa de hacerle.
-¿Qué te sucede Ev?-chilló Ruth al ver que su amiga se había quedado congelada con una sonrisa tonta grabada en la cara mirando muy quieta hacia el frente. -Ah, ya veo- añadió a continuación al tiempo que seguía la mirada de su amiga, comprendiendo al instante cual era el motivo. Un chico guapísimo se acercaba hacía ellas, aunque Ruth no tenía ni idea de quién se trataba.
Mario llegó hasta ellas y tragándose su timidez se acercó hasta Eva. -Hola Eva- la saludó.-¿Te acuerdas de mí?-dijo el muchacho con un nudo en la garganta mientras deseaba con todas sus fuerzas que Eva lo recordara. Él por su parte no había podido dejar de pensar en ella desde su encuentro en la parada de autobús. Sin embargo Eva no articulaba palabra alguna y él seguía con la duda.
Yolanda fue la encargada de romper aquel instante de tensión. ¿Y tu quién eres?-dijo la muchacha rubia mirando al chico. ¿Y de que conoces a mi amiga?-preguntó la muchacha muerta ya de curiosidad.
Eva miró a Mario, luego a Yoli y a continuación a sus otras amigas y respondió más roja que un tomate. -Hola Mario-Sí me acuerdo de tí-Aunque en realidad aquello no era verdad, más bien no es que no se acordara de él, es que no había dejado de pensar en él desde el día en que lo había conocido. Luego mirando de nuevo a sus amigas cogió fuerza y añadió-chicas este es Mario, lo conocí el otro día en la parada de autobús.
Yolanda miró a Mario de arriba a abajo y de abajo arriba y exclamó -interesante-mostrando una sonrisa picara en la cara. Había visto como aquel chico miraba a su amiga y también lo roja que se había puesto Eva al verlo. Allí había tomate. Estaba segura de ello y sino lo había aún lo habría pronto.
Encantada Mario-soy Yoli-se apresuró a decir la muchacha-soy amiga de Eva. Y ellas son Ruth y Cris. Nosotras ya nos ibamos-dijo guiñando un ojo a sus amigas-¿Verdad chicas?. Tenemos que terminar un trabajo. Tú quédate con Eva que necesita comprarse ropa.
-Sí, sí-es verdad-dijeron las otras en seguida comprendiendo al instante el plan de Yolanda.
Eva miró a su amiga. Asesinándola con la mirada pero agradeciéndoselo con el alma. Menuda encerrona acababa de hacerle.
miércoles, 4 de julio de 2012
capitulo 8: juego de modelos
Miró el reloj nerviosa. Eran casi las 7 de la tarde y aun le quedaban varias calles para llegar a su destino. No quería llegar tarde. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que alguien la había invitado a ir de tiendas, tanto tiempo como el que llevaba sin mantener el contacto con sus amigas. Era demasiado. Antes le gustaba ir con él. Antes eran muy felices juntos. Mientras esperaba a que se pusiera el semáforo en verde, Yolanda recordó como había empezado todo, como se habían conocido.
Aquella mañana de Mayo su vida había cambiado por completo. Como cada día Yolanda había quedado con sus amigas en la parada del autobus para ir al instituto. Era un día soleado, así que en el último momento decidió ir dando un agradable paseo hasta el instituto. Así pues sacó su mp3 de la mochila, le dio al play y emprendió el camino al instituto pero iba tan ensimismada con su música que se chocó con él y le tiró todos los libros. Yolanda se apresuró a ayudarle a recogerlo todo- Perdona no te había visto- le dijo Yolanda sin dejar de mirarlo. Aquel era el chico más guapo que había visto en su vida. -Tranquila, no pasa nada-le contestó el chico con una sonrisa. Aquel encuentro no había sido casualidad, sino más bien una jugada del destino, pues un rato más tarde descubrió que aquel chico era nuevo en la ciudad e iba a su misma clase. Y así empezó todo. Dejó de ir con sus amigas en el autobús para ir caminando con Alvaro, que era el nombre del chico y así poco a poco se hicieron amigos y se enamoraron. De esta forma se había distanciado de sus amigas.
En aquel momento la luz del muñeco indicó que estaba en verde. Yolanda se secó los restos de lágrimas de los ojos. Lágrimas que habían surgido al recordar aquello. Miró a ambos lados y cruzó la calle.
En ese preciso instante no lejos de allí tres chicas esperaban impacientes a que se uniera una cuarta. Cada una muy diferente pero con una gran cosa en común: su amistad. Por una tarde dispuestas a disfrutar de su amistad y a olvidarse de sus problemas.
Mario miró desesperado hacia la cama. Había vaciado el armario entero buscando un atuendo apropiado para su nuevo trabajo pero nada de lo que yacía allí le convencía. Demasiado formal. Demasiado colorido. Demasiado viejo. Demasiado... demasiado. Definitivamente no. Sacudió la cabeza derrotado dejándose caer encima de todo aquello. No le quedaba otra. Iría a comprar ropa nueva. Así pues cogió una chaqueta de punto negra por si a la vuelta refrescaba, aunque ya empezaba a hacer bastante calor, comprobó que tenía lo necesario en el bolsillo, cogió las llaves y salió de casa.
-No, no, no-chicas no seáis malas.- dijo Eva asomando la cabeza, aguantándose la risa al tiempo que sujetaba las cortinas del probador que sus amigas se empeñaban en descorrer.
-Vamos pesada, sal ya- chilló Yoli. -Queremos un pase de modelos-añadió a continuación la rubia, haciendo que las demás estallaran en carcajadas, incluida Eva que seguía sujetando con todas sus fuerzas las cortinas.
Eva las miraba feliz. Volvían a ser cuatro. Las cuatro mosqueteras. Una para todas y todas para una. Hacía tanto tiempo que la cuarta mosquetera se había ido. Demasiado. Pero ya no importaba porque ahora de nuevo estaban todas juntas. Decidida terminó de abrocharse la ropa y descorrió las cortinas de un tirón decidida a seguir con el juego que había propuesto Yoli.
-Uauuuu-gritaron todas a una al verla salir con aquel modelito. -Estas guapísima tía-confesó Ruth al tiempo que cerraba la boca que se le había quedado abierta de la impresión. - Síiiiiiiii Ev- Te queda genial. Compratelo-Aseguró la tercera moviendo la cabeza arriba y abajo.
Eva se giró dispuesta a entrar en el vestuario para seguir ejerciendo su papel de modelo, miró hacia la puerta principal y algo la detuvo en seco. Una sonrisa iluminó su rostro. Acababa de verle entrar por la puerta o eso le parecía. Pestañeó varias veces seguidas para asegurarse.Sí allí estaba hablando con una dependienta. Sí, sí era él. No le cabía ya ninguna duda.
Aquella mañana de Mayo su vida había cambiado por completo. Como cada día Yolanda había quedado con sus amigas en la parada del autobus para ir al instituto. Era un día soleado, así que en el último momento decidió ir dando un agradable paseo hasta el instituto. Así pues sacó su mp3 de la mochila, le dio al play y emprendió el camino al instituto pero iba tan ensimismada con su música que se chocó con él y le tiró todos los libros. Yolanda se apresuró a ayudarle a recogerlo todo- Perdona no te había visto- le dijo Yolanda sin dejar de mirarlo. Aquel era el chico más guapo que había visto en su vida. -Tranquila, no pasa nada-le contestó el chico con una sonrisa. Aquel encuentro no había sido casualidad, sino más bien una jugada del destino, pues un rato más tarde descubrió que aquel chico era nuevo en la ciudad e iba a su misma clase. Y así empezó todo. Dejó de ir con sus amigas en el autobús para ir caminando con Alvaro, que era el nombre del chico y así poco a poco se hicieron amigos y se enamoraron. De esta forma se había distanciado de sus amigas.
En aquel momento la luz del muñeco indicó que estaba en verde. Yolanda se secó los restos de lágrimas de los ojos. Lágrimas que habían surgido al recordar aquello. Miró a ambos lados y cruzó la calle.
En ese preciso instante no lejos de allí tres chicas esperaban impacientes a que se uniera una cuarta. Cada una muy diferente pero con una gran cosa en común: su amistad. Por una tarde dispuestas a disfrutar de su amistad y a olvidarse de sus problemas.
Mario miró desesperado hacia la cama. Había vaciado el armario entero buscando un atuendo apropiado para su nuevo trabajo pero nada de lo que yacía allí le convencía. Demasiado formal. Demasiado colorido. Demasiado viejo. Demasiado... demasiado. Definitivamente no. Sacudió la cabeza derrotado dejándose caer encima de todo aquello. No le quedaba otra. Iría a comprar ropa nueva. Así pues cogió una chaqueta de punto negra por si a la vuelta refrescaba, aunque ya empezaba a hacer bastante calor, comprobó que tenía lo necesario en el bolsillo, cogió las llaves y salió de casa.
-No, no, no-chicas no seáis malas.- dijo Eva asomando la cabeza, aguantándose la risa al tiempo que sujetaba las cortinas del probador que sus amigas se empeñaban en descorrer.
-Vamos pesada, sal ya- chilló Yoli. -Queremos un pase de modelos-añadió a continuación la rubia, haciendo que las demás estallaran en carcajadas, incluida Eva que seguía sujetando con todas sus fuerzas las cortinas.
Eva las miraba feliz. Volvían a ser cuatro. Las cuatro mosqueteras. Una para todas y todas para una. Hacía tanto tiempo que la cuarta mosquetera se había ido. Demasiado. Pero ya no importaba porque ahora de nuevo estaban todas juntas. Decidida terminó de abrocharse la ropa y descorrió las cortinas de un tirón decidida a seguir con el juego que había propuesto Yoli.
-Uauuuu-gritaron todas a una al verla salir con aquel modelito. -Estas guapísima tía-confesó Ruth al tiempo que cerraba la boca que se le había quedado abierta de la impresión. - Síiiiiiiii Ev- Te queda genial. Compratelo-Aseguró la tercera moviendo la cabeza arriba y abajo.
Eva se giró dispuesta a entrar en el vestuario para seguir ejerciendo su papel de modelo, miró hacia la puerta principal y algo la detuvo en seco. Una sonrisa iluminó su rostro. Acababa de verle entrar por la puerta o eso le parecía. Pestañeó varias veces seguidas para asegurarse.Sí allí estaba hablando con una dependienta. Sí, sí era él. No le cabía ya ninguna duda.
jueves, 29 de marzo de 2012
capítulo 7: yolanda
-¡El lo ha vuelto a hacer!- exclamó Yolanda entre sollozos. -¿Qué es lo que ha pasado Yoli? cuéntamelo todo-dijo Eva intentando recomfortarla.-Vamos a tomar algo y me pones al día ¿de acuerdo?-añadió. Yoli asentó con la cabeza pues de haber hablado las lágrimas habrían ahogado su voz.
Mario se secó las lágrimas y se incorporó de la cama.-¡No fue tu culpa!-Se dijo para sí. El destino así lo quiso. Abrió el cajón y de nuevo retornó la carta a su lugar.
Yoli y Eva dejaron la facultad y entraron en una cafetería próxima a esta. -Muy bien, tranquilizate y cuentamé qué es lo que ha sucedido- preguntó Eva al tiempo que ponía dos cortados encima de una mesa.
-De acuerdo- respondió Yolanda a media voz y empezó a relatarle lo ocurrido intentando que las lágrimas no ahogaran su voz.
En aquel preciso instante sonó el móvil de Mario. Mario se apresuró a cogerlo antes de que se cortara. - Si digame, ¿quién es?- respondió intentando trasmitir seguridad. - Señor Espinosa soy Don Diego López- respondió alguien al otro lado del teléfono y añadió a continuación- Enhorabuena y bienvenido a la empresa, el trabajo es suyo- Una sonrisa iluminó el rostro de Mario,lo había conseguido.-Empieza el lunes-continuo la voz-Muchísimas gracias señor López-respondió Mario sin poder ocultar su alegría. Pero no sabía que pronto tendría otro motivo más para sonreír.
-¡Será hijo de puta!- Exclamó Eva levantándose dando un fuerte golpe en la mesa.- Tienes que denunciarlo. Nadie tiene derecho a maltratarte- De pronto recordó donde se encontraba e intentó calmarse. Todas las personas de la cafetería la estaban mirando. Yolanda la agarró y le pidió por favor que se sentará.
Mientras tanto en la otra punta de la ciudad, Mario no daba crédito a la noticia que acababa de recibir. Era genial. Aquel era su sueño y no podía creer que se hubiera cumplido. Empezaba el lunes. De pronto recordó que apenas tenía ropa decente y por lo tanto decidió ir aquella misma tarde a comprar algo con lo que dar una buena imagen.
Eva pagó los cortados mientras Yolanda se secaba los restos de lágrimas que aún quedaban en sus ojos. Eva le dió un último abrazo para reconfortarla y juntas abandonaron la cafetería. -Denuncialo, no permitas que te ponga la mano encima ni una vez más- le dijo una vez más antes de despedirse de ella. Yolanda asintió. Sabía que su amiga tenía razón. Se sintió una estúpida, nunca debió haber permitido que sucediera de nuevo pero claro le quería y por eso había soportado aquella situación. Eva se dispuso a marcharse pero de pronto recordó algo y le pareció una buena idea- Yoli, he quedado con las chicas esta tarde para ir de tiendas.Ven con nosotras, será divertido-añadió Eva mirándola. De acuerdo-asintió Yolanda.- Bien, entonces hasta la tarde-respondió Eva regalándole una sonrisa y se fue dejando a su amiga con otra sonrisa en la cara.
Mario se secó las lágrimas y se incorporó de la cama.-¡No fue tu culpa!-Se dijo para sí. El destino así lo quiso. Abrió el cajón y de nuevo retornó la carta a su lugar.
Yoli y Eva dejaron la facultad y entraron en una cafetería próxima a esta. -Muy bien, tranquilizate y cuentamé qué es lo que ha sucedido- preguntó Eva al tiempo que ponía dos cortados encima de una mesa.
-De acuerdo- respondió Yolanda a media voz y empezó a relatarle lo ocurrido intentando que las lágrimas no ahogaran su voz.
En aquel preciso instante sonó el móvil de Mario. Mario se apresuró a cogerlo antes de que se cortara. - Si digame, ¿quién es?- respondió intentando trasmitir seguridad. - Señor Espinosa soy Don Diego López- respondió alguien al otro lado del teléfono y añadió a continuación- Enhorabuena y bienvenido a la empresa, el trabajo es suyo- Una sonrisa iluminó el rostro de Mario,lo había conseguido.-Empieza el lunes-continuo la voz-Muchísimas gracias señor López-respondió Mario sin poder ocultar su alegría. Pero no sabía que pronto tendría otro motivo más para sonreír.
-¡Será hijo de puta!- Exclamó Eva levantándose dando un fuerte golpe en la mesa.- Tienes que denunciarlo. Nadie tiene derecho a maltratarte- De pronto recordó donde se encontraba e intentó calmarse. Todas las personas de la cafetería la estaban mirando. Yolanda la agarró y le pidió por favor que se sentará.
Mientras tanto en la otra punta de la ciudad, Mario no daba crédito a la noticia que acababa de recibir. Era genial. Aquel era su sueño y no podía creer que se hubiera cumplido. Empezaba el lunes. De pronto recordó que apenas tenía ropa decente y por lo tanto decidió ir aquella misma tarde a comprar algo con lo que dar una buena imagen.
Eva pagó los cortados mientras Yolanda se secaba los restos de lágrimas que aún quedaban en sus ojos. Eva le dió un último abrazo para reconfortarla y juntas abandonaron la cafetería. -Denuncialo, no permitas que te ponga la mano encima ni una vez más- le dijo una vez más antes de despedirse de ella. Yolanda asintió. Sabía que su amiga tenía razón. Se sintió una estúpida, nunca debió haber permitido que sucediera de nuevo pero claro le quería y por eso había soportado aquella situación. Eva se dispuso a marcharse pero de pronto recordó algo y le pareció una buena idea- Yoli, he quedado con las chicas esta tarde para ir de tiendas.Ven con nosotras, será divertido-añadió Eva mirándola. De acuerdo-asintió Yolanda.- Bien, entonces hasta la tarde-respondió Eva regalándole una sonrisa y se fue dejando a su amiga con otra sonrisa en la cara.
miércoles, 28 de marzo de 2012
capítulo 6: el reencuentro
Abandonada en un triste cajón de la cómoda, encontró aquella última carta. Yacía envuelta por el polvo, casi consumida en el olvido. Era la última carta que había recibido. La ultima que su novia le había escrito, y no porque no le quisiera, pero el destino le había jugado una mala pasada. La había quitado de su vida sin razón aparente. Mario guardó la carta incapaz de volver a leerla, incapaz de volver a revivir todo aquel dolor. Aquel instante perduraría por siempre en su memoria. Su última conversación. Su dulce voz quedó silenciada para siempre aquella misma noche. Una noche que nunca olvidaría. Como cada noche, aquella, Mario había llamado a Laura. Aquella noche la notó rara y al oírla hablar vio que estaba llorando, incluso notó que llevaba horas haciéndolo. Otra vez había sucedido. Había vuelto a discutir con sus padres. La notó agitada, violenta y se quedó preocupado cuando ella le dijo que tenía que salir pero que luego hablaban. Nunca volvió a oírla. Ella no le llamó y él preocupado, llamó a su casa. Entonces se enteró de todo. Un accidente mortal se había cruzado en su destino y se la había arrebatado. Cegada por la rabia y la desolación Laura no vio la curva y cuando la vio ya era demasiado tarde. Se salió de la carretera. El coche dio tres o cuatro vueltas antes de aterrizar de nuevo en el suelo y ella salió despedida. Así había terminado su historia. Mario lo había vuelto a recordar y mientras así lo hacía, las lágrimas surcaron su rostro una vez más.
El timbre sonó poniendo fin al examen. Eva dejó el bolígrafo azul sobre la mesa y entregó su examen. No le había resultado difícil. Había estudiado muchísimo.
-Muy bien. Esta semana se publicarán los resultados-anunció la voz del profesor, al tiempo que recogía los exámenes.- Como saben, aquellos que no aprueben tienen otra oportunidad dentro de quince días. Les deseo mucha suerte a todos en sus prácticas- añadió a continuación.
Poco después la clase se fue quedando vacía. Apoyada en la pared del pasillo, Eva esperaba a que salieran sus amigas. Siempre eran las últimas. Y mientras esperaba, volvió a pensar en Mario. No sabía nada de él. Parecía un chico muy misterioso. Bueno algo si sabía, sabía que era guapísimo. Una sonrisa iluminó su rostro con este último pensamiento.
- Hola Eva-dijo en aquel momento una voz. Eva levantó los ojos y vió a una chica castaña a su lado. Era Yolanda. Tan ensimismada estaba pensando en Mario que no la había oído llegar.- ¿Qué tal Yoli?- saludó. Yoli había sido su mejor amiga. Lo compartían todo. Iban juntas a todas partes. Pero hacía un tiempo que eso había cambiado. Yolanda empezó a salir con un chico de clase y había dejado de ir con ellas. Ahora estaba siempre con su novio. Eva la observó por un momento. Yolanda estaba triste. Sus ojos claros lucían apagados. No había ni rastro de su habitual sonrisa, aquella que tantas veces había oído. Eva se dió cuenta de que algo no iba bien y decidió averiguarlo.-Yolanda-le habló. ¿Va todo bien?- preguntó. Yolanda la miró como respuesta y a continuación la abrazó y empezó a llorar. Estaba temblando. Eva la recomfortó entre sus brazos, sin percatarse del grupo de personas que había empezado a formarse a su alrededor y que curiosas las miraban, incluidas Raquel y Ruth que acababan de salir.
El timbre sonó poniendo fin al examen. Eva dejó el bolígrafo azul sobre la mesa y entregó su examen. No le había resultado difícil. Había estudiado muchísimo.
-Muy bien. Esta semana se publicarán los resultados-anunció la voz del profesor, al tiempo que recogía los exámenes.- Como saben, aquellos que no aprueben tienen otra oportunidad dentro de quince días. Les deseo mucha suerte a todos en sus prácticas- añadió a continuación.
Poco después la clase se fue quedando vacía. Apoyada en la pared del pasillo, Eva esperaba a que salieran sus amigas. Siempre eran las últimas. Y mientras esperaba, volvió a pensar en Mario. No sabía nada de él. Parecía un chico muy misterioso. Bueno algo si sabía, sabía que era guapísimo. Una sonrisa iluminó su rostro con este último pensamiento.
- Hola Eva-dijo en aquel momento una voz. Eva levantó los ojos y vió a una chica castaña a su lado. Era Yolanda. Tan ensimismada estaba pensando en Mario que no la había oído llegar.- ¿Qué tal Yoli?- saludó. Yoli había sido su mejor amiga. Lo compartían todo. Iban juntas a todas partes. Pero hacía un tiempo que eso había cambiado. Yolanda empezó a salir con un chico de clase y había dejado de ir con ellas. Ahora estaba siempre con su novio. Eva la observó por un momento. Yolanda estaba triste. Sus ojos claros lucían apagados. No había ni rastro de su habitual sonrisa, aquella que tantas veces había oído. Eva se dió cuenta de que algo no iba bien y decidió averiguarlo.-Yolanda-le habló. ¿Va todo bien?- preguntó. Yolanda la miró como respuesta y a continuación la abrazó y empezó a llorar. Estaba temblando. Eva la recomfortó entre sus brazos, sin percatarse del grupo de personas que había empezado a formarse a su alrededor y que curiosas las miraban, incluidas Raquel y Ruth que acababan de salir.
martes, 27 de marzo de 2012
capítulo 5: el examen
El autobús se detuvo. Ruth y Eva se despidieron del conductor y continuaron su camino hacia la facultad, recordando que aquel era el último día de clase. Al día siguiente empezaban las prácticas del segundo año.
Las dos amigas cruzaron la calle y charlando alegremente entraron en el edificio de la universalidad. La universalidad de periodismo era enorme y estaba llena de gente. Los exámenes finales eran esa semana. El estrés se sentía en el aire. Había jóvenes estudiando por todas partes. Eva y Ruth ocuparon un lugar en un banco vacío y se sentaron a esperar a sus demás amigas. Ya casi era la hora. Eva sacó de nuevo su libro y se puso a repasar los medios de comunicación, mientras que Ruth comprobaba si tenía varios bolígrafos azules por si acaso uno de ellos se gastaba en mitad del examen.
- Hola chicas-dijo una voz. Las dos amigas se sobresaltaron y a la vez miraron hacia la dirección de la voz, no tardando demasiado en encontrar su procedencia. Justo en el banco de enfrente al que ellas ocupaban estaba Raquel, otra de sus amigas y la dueña de aquel saludo, la cual al ver que la habían visto, se acercó corriendo hasta ellas. Raquel era pequeñita y muy menuda. Tenía el pelo recogido en dos saltarinas trenzas que se movían al compás de su carrera. Eva miró su viceroy. Ya era la hora. Las puertas se abrieron y la gente que allí había se abalanzó hacia la entrada como si de una estampida se tratase, intentando coger el mejor sitio. Las tres amigas se miraron, cogieron sus cosas y se unieron a la multitud. El último en entrar fue el profesor.
- Buenos días señores- saludó este último al tiempo que ocupaba su asiento.- Por favor guarden sus libros y apuntes y dejen tan solo sobre la mesa un bolígrafo- anunció el profesor. A continuación, empezó a repartir unos folios en blanco y otros con preguntas. -Mucha mierda chicas- susurró Ruth a sus amigas en cuanto el profesor se dio la vuelta. Un coro de toses y el sonido de un móvil lejano tapo su susurro. - Por favor silencio. No quiero oír ni una palabra. Estamos en un examen- bramó el profesor como respuesta a aquellos ruidos. Las tres amigas intercambiaron una mirada de complicidad y se concentraron en el ejercicio.
Mario se paró en un escaparate lleno de comida.- ¡Qué buena pinta tiene eso!-dijo relamiéndose al tiempo que miraba todo tipo de dulces. Se le hacía la boca agua al ver todas aquellas delicias juntas. Su estómago rugió. Estaba hambriento. Miró el reloj. Era mediodía. Su estómago era su mejor reloj, no fallaba nunca. Sacó el billetero rezando por tener suficiente dinero y contó las monedas que le quedaban. Unos diez euros. No estaba mal. Con eso era suficiente. Entró sin pensárselo dos veces. Diez minutos después estaba devorando un bollo de chocolate y crema, sentado no muy lejos de la entrada. Entonces de nuevo volvió a pensar en ella. En cómo el viento se empeñaba en tapar sus lindos ojos y en la gracia con la que ella se colocaba el travieso flequillo detrás de las orejas. Una sonrisa iluminó su rostro al tiempo que tomaba un sorbo de aquel capuchino. Su nombre era Eva. Ojalá volviera a verla pronto.
Las dos amigas cruzaron la calle y charlando alegremente entraron en el edificio de la universalidad. La universalidad de periodismo era enorme y estaba llena de gente. Los exámenes finales eran esa semana. El estrés se sentía en el aire. Había jóvenes estudiando por todas partes. Eva y Ruth ocuparon un lugar en un banco vacío y se sentaron a esperar a sus demás amigas. Ya casi era la hora. Eva sacó de nuevo su libro y se puso a repasar los medios de comunicación, mientras que Ruth comprobaba si tenía varios bolígrafos azules por si acaso uno de ellos se gastaba en mitad del examen.
- Hola chicas-dijo una voz. Las dos amigas se sobresaltaron y a la vez miraron hacia la dirección de la voz, no tardando demasiado en encontrar su procedencia. Justo en el banco de enfrente al que ellas ocupaban estaba Raquel, otra de sus amigas y la dueña de aquel saludo, la cual al ver que la habían visto, se acercó corriendo hasta ellas. Raquel era pequeñita y muy menuda. Tenía el pelo recogido en dos saltarinas trenzas que se movían al compás de su carrera. Eva miró su viceroy. Ya era la hora. Las puertas se abrieron y la gente que allí había se abalanzó hacia la entrada como si de una estampida se tratase, intentando coger el mejor sitio. Las tres amigas se miraron, cogieron sus cosas y se unieron a la multitud. El último en entrar fue el profesor.
- Buenos días señores- saludó este último al tiempo que ocupaba su asiento.- Por favor guarden sus libros y apuntes y dejen tan solo sobre la mesa un bolígrafo- anunció el profesor. A continuación, empezó a repartir unos folios en blanco y otros con preguntas. -Mucha mierda chicas- susurró Ruth a sus amigas en cuanto el profesor se dio la vuelta. Un coro de toses y el sonido de un móvil lejano tapo su susurro. - Por favor silencio. No quiero oír ni una palabra. Estamos en un examen- bramó el profesor como respuesta a aquellos ruidos. Las tres amigas intercambiaron una mirada de complicidad y se concentraron en el ejercicio.
Mario se paró en un escaparate lleno de comida.- ¡Qué buena pinta tiene eso!-dijo relamiéndose al tiempo que miraba todo tipo de dulces. Se le hacía la boca agua al ver todas aquellas delicias juntas. Su estómago rugió. Estaba hambriento. Miró el reloj. Era mediodía. Su estómago era su mejor reloj, no fallaba nunca. Sacó el billetero rezando por tener suficiente dinero y contó las monedas que le quedaban. Unos diez euros. No estaba mal. Con eso era suficiente. Entró sin pensárselo dos veces. Diez minutos después estaba devorando un bollo de chocolate y crema, sentado no muy lejos de la entrada. Entonces de nuevo volvió a pensar en ella. En cómo el viento se empeñaba en tapar sus lindos ojos y en la gracia con la que ella se colocaba el travieso flequillo detrás de las orejas. Una sonrisa iluminó su rostro al tiempo que tomaba un sorbo de aquel capuchino. Su nombre era Eva. Ojalá volviera a verla pronto.
lunes, 26 de marzo de 2012
capítulo 4: la entrevista
Guau! eso había sido un flechazo, pensó Eva mientras se concentraba de nuevo en su libro.
Qué fuerte había sido lo de la parada del bus, pensaba Mario. Era una lástima que Eva no hubiera cogido aquel bus, le hubiera gustado descubrir más cosas de ella. Mario pulsó el botón para solicitar su parada. La siguiente era la suya y solo faltaba que se la pasara. El bus se detuvo y Mario bajó de él. De nuevo consultó su reloj. Ya casi era la hora. No debía de estar muy lejos del edificio.
En aquel instante, llegó el bus de Eva. El mismo que todas las mañanas le llevaba hasta la facultad de periodismo donde asistía a clase. A Eva no le gustaba tener que esperar siempre durante largo rato el bus, pero hoy la espera había merecido la pena. Se levantó de su asiento, cogió los libros, subió y después de pagar el billete, se sentó en la fila de siempre, junto a la ventanilla y se puso a observar el paisaje. En la siguiente parada una chica rubia de más o menos su edad subió al bus y después de pagar su billete ocupó el asiento libre que había al lado de Eva.
¡Hola Eva!- la saludó, regalándole una sonrisa- ¿Qué tal estás?- prosiguió la muchacha sin dejar de mirarla. Eva levantó los ojos de su libro y le sonrió.- ¡Hola Ruth!-respondió esta.-Muy bien- prosiguió.- No te vas a creer lo que me ha pasado esta mañana- continuó la muchacha morena. Guardó su libro en la mochila y le contó a su amiga con una sonrisa su encuentro con Mario. Como sus ojos se habían detenido, primero con timidez y luego con seguridad, en ella y habían recorrido su cuerpo y finalmente como ella lo había examinado a él. Ruth la escuchaba con incredulidad con los ojos posados en ella, sin ni siquiera pestañear. - Es guapísimo- le aseguró Eva. - Desde luego las hay con suerte- aseguró su amiga con un suspiro, y añadió a continuación- ¿Y qué sabes de él?. Eva le dedico una sonrisa y en aquel momento se dio cuenta de que solo sabía su nombre.
Un edificio gris se erguía delante de sus ojos. Mario sacó el papel del bolsillo de su chaqueta y comprobó la dirección. Sí, era allí. Cruzó la calle, mirando a ambos lados, solo faltaba que le atropellaran y aquella oportunidad se desvaneciera en el aire, y entró en el edificio. Miró a su alrededor preguntándose dónde sería su entrevista. Aquel edificio tenía varias plantas y era enorme.
- Buenos días, ¿puedo ayudarle?- ¿A quién busca?- le preguntó una voz. Mario se giró sobresaltado y vio a un hombre de edad mediana que estaba sentado en una mesa a pocos pasos de él. - Sí, por favor- respondió Mario sin vacilar y dirigiéndose hacia donde se encontraba el hombre.- Busco al señor López- Tengo una entrevista con él- prosiguió el muchacho. - Veamos- dijo el hombre consultando la agenda que había sobre la mesa- ¿Es usted Mario Espinosa?- prosiguió. - Así es- dijo el joven asintiendo con la cabeza. - Entonces coja ese ascensor, dele a la planta dos y estarás en la oficina del señor López- contestó el conserje. - Muchas gracias- dijo Mario y siguiendo sus instrucciones llegó a una sala muy grande donde un hombre le estaba esperando. Mario se acercó a la mesa y llenó de seguridad le tendió la mano. - Buenos días señor López- saludó el muchacho. - Soy Mario Espinosa. Me citó usted para una entrevista- prosiguió este. - Buenos días señor Espinosa- respondió el hombre estrechándole la mano. -Por favor tome asiento y dígame ¿qué experiencia tiene con los medios de comunicación?- añadió el señor López.
-Tengo un par de cursos. Uno de audiovisuales y otro de sonido- respondió el joven obedeciendo su ofrecimiento. - Y a trabajado en alguna empresa, programa,... dedicada a tal fin?- insistió el hombre. - La verdad es que sí. Tuve un trabajo detrás de las cámaras para un programa de televisión en un canal no muy conocido- respondió el encuestado.- Entonces tiene usted experiencia- prosiguió Álvaro, y añadió a continuación- ¿Puede dejarme su currículum por favor?. Mario abrió su carpeta y sacando su currículum se lo extendió al hombre que le estaba entrevistando.- Muy bien. Veo que estuvo usted un año trabajando para dicho programa y que aparte tiene dos cursos - dijo el hombre sin apartar la vista de su currículum. - Por lo que veo usted no aporta información detallada del campo para el que trabajo.- dijo el hombre apartando la vista del papel y mirando a Mario con firmeza añadió- ¿Le importaría decirme qué tipo de programa era ?. - No faltaba más- respondió Mario-El de televisión era un programa de prensa rosa, yo grababa desde detrás de las cámaras pero nunca entrevisté a nadie- respondió el chico con claridad. - Interesante- respondió el hombre- y ¿A usted cuál es el campo dentro del periodismo que más le interesa?- preguntó, dejando el currículum junto a los demás que tenía y sin dejar de mirar al chico. - Los deportes-respondió Mario sin ni siquiera pensarlo- Me gustaría trabajar en ese campo- añadió a continuación. - Muy bien. Es todo- contestó el entrevistador levantándose de la silla, al tiempo que le tendía la mano.- Ya le llamaremos.- Gracias- respondió Mario y estrechó aquella mano con firmeza. A continuación se dirigió al ascensor. Una sonrisa iluminó su cara. No le había ido tan mal, Álvaro le había dicho que le llamaría. De pronto recordó que aquello no significaba nada y que era lo que siempre se decía, y la sonrisa se desvaneció de su rostro. La puerta se abrió. Había llegado abajo. Miró el reloj, había sido una entrevista corta, muy corta en realidad, y salió al exterior. El sol brillaba con fuerza, con la misma con la que él había estrechado la mano del señor López.
Qué fuerte había sido lo de la parada del bus, pensaba Mario. Era una lástima que Eva no hubiera cogido aquel bus, le hubiera gustado descubrir más cosas de ella. Mario pulsó el botón para solicitar su parada. La siguiente era la suya y solo faltaba que se la pasara. El bus se detuvo y Mario bajó de él. De nuevo consultó su reloj. Ya casi era la hora. No debía de estar muy lejos del edificio.
En aquel instante, llegó el bus de Eva. El mismo que todas las mañanas le llevaba hasta la facultad de periodismo donde asistía a clase. A Eva no le gustaba tener que esperar siempre durante largo rato el bus, pero hoy la espera había merecido la pena. Se levantó de su asiento, cogió los libros, subió y después de pagar el billete, se sentó en la fila de siempre, junto a la ventanilla y se puso a observar el paisaje. En la siguiente parada una chica rubia de más o menos su edad subió al bus y después de pagar su billete ocupó el asiento libre que había al lado de Eva.
¡Hola Eva!- la saludó, regalándole una sonrisa- ¿Qué tal estás?- prosiguió la muchacha sin dejar de mirarla. Eva levantó los ojos de su libro y le sonrió.- ¡Hola Ruth!-respondió esta.-Muy bien- prosiguió.- No te vas a creer lo que me ha pasado esta mañana- continuó la muchacha morena. Guardó su libro en la mochila y le contó a su amiga con una sonrisa su encuentro con Mario. Como sus ojos se habían detenido, primero con timidez y luego con seguridad, en ella y habían recorrido su cuerpo y finalmente como ella lo había examinado a él. Ruth la escuchaba con incredulidad con los ojos posados en ella, sin ni siquiera pestañear. - Es guapísimo- le aseguró Eva. - Desde luego las hay con suerte- aseguró su amiga con un suspiro, y añadió a continuación- ¿Y qué sabes de él?. Eva le dedico una sonrisa y en aquel momento se dio cuenta de que solo sabía su nombre.
Un edificio gris se erguía delante de sus ojos. Mario sacó el papel del bolsillo de su chaqueta y comprobó la dirección. Sí, era allí. Cruzó la calle, mirando a ambos lados, solo faltaba que le atropellaran y aquella oportunidad se desvaneciera en el aire, y entró en el edificio. Miró a su alrededor preguntándose dónde sería su entrevista. Aquel edificio tenía varias plantas y era enorme.
- Buenos días, ¿puedo ayudarle?- ¿A quién busca?- le preguntó una voz. Mario se giró sobresaltado y vio a un hombre de edad mediana que estaba sentado en una mesa a pocos pasos de él. - Sí, por favor- respondió Mario sin vacilar y dirigiéndose hacia donde se encontraba el hombre.- Busco al señor López- Tengo una entrevista con él- prosiguió el muchacho. - Veamos- dijo el hombre consultando la agenda que había sobre la mesa- ¿Es usted Mario Espinosa?- prosiguió. - Así es- dijo el joven asintiendo con la cabeza. - Entonces coja ese ascensor, dele a la planta dos y estarás en la oficina del señor López- contestó el conserje. - Muchas gracias- dijo Mario y siguiendo sus instrucciones llegó a una sala muy grande donde un hombre le estaba esperando. Mario se acercó a la mesa y llenó de seguridad le tendió la mano. - Buenos días señor López- saludó el muchacho. - Soy Mario Espinosa. Me citó usted para una entrevista- prosiguió este. - Buenos días señor Espinosa- respondió el hombre estrechándole la mano. -Por favor tome asiento y dígame ¿qué experiencia tiene con los medios de comunicación?- añadió el señor López.
-Tengo un par de cursos. Uno de audiovisuales y otro de sonido- respondió el joven obedeciendo su ofrecimiento. - Y a trabajado en alguna empresa, programa,... dedicada a tal fin?- insistió el hombre. - La verdad es que sí. Tuve un trabajo detrás de las cámaras para un programa de televisión en un canal no muy conocido- respondió el encuestado.- Entonces tiene usted experiencia- prosiguió Álvaro, y añadió a continuación- ¿Puede dejarme su currículum por favor?. Mario abrió su carpeta y sacando su currículum se lo extendió al hombre que le estaba entrevistando.- Muy bien. Veo que estuvo usted un año trabajando para dicho programa y que aparte tiene dos cursos - dijo el hombre sin apartar la vista de su currículum. - Por lo que veo usted no aporta información detallada del campo para el que trabajo.- dijo el hombre apartando la vista del papel y mirando a Mario con firmeza añadió- ¿Le importaría decirme qué tipo de programa era ?. - No faltaba más- respondió Mario-El de televisión era un programa de prensa rosa, yo grababa desde detrás de las cámaras pero nunca entrevisté a nadie- respondió el chico con claridad. - Interesante- respondió el hombre- y ¿A usted cuál es el campo dentro del periodismo que más le interesa?- preguntó, dejando el currículum junto a los demás que tenía y sin dejar de mirar al chico. - Los deportes-respondió Mario sin ni siquiera pensarlo- Me gustaría trabajar en ese campo- añadió a continuación. - Muy bien. Es todo- contestó el entrevistador levantándose de la silla, al tiempo que le tendía la mano.- Ya le llamaremos.- Gracias- respondió Mario y estrechó aquella mano con firmeza. A continuación se dirigió al ascensor. Una sonrisa iluminó su cara. No le había ido tan mal, Álvaro le había dicho que le llamaría. De pronto recordó que aquello no significaba nada y que era lo que siempre se decía, y la sonrisa se desvaneció de su rostro. La puerta se abrió. Había llegado abajo. Miró el reloj, había sido una entrevista corta, muy corta en realidad, y salió al exterior. El sol brillaba con fuerza, con la misma con la que él había estrechado la mano del señor López.
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